viernes, 10 de octubre de 2008

MI HOME DE FERRO. Oscar Hdez. Arteaga (Hijo de Pepe)


Antes de que el sol nos dijera que era de día ya estábamos en la fría arena, en el ruedo, cual toreros dispuestos a enfrentarnos a nuestro destino. Atrás quedaban horas de entrenos y sacrificios. Lo más difícil estaba hecho, estar en la línea de salida.

La arena de la playa estaba helada, se estaba mejor dentro del agua que fuera. Era un claro síntoma, la prueba nos llamaba. Y nosotros estábamos dispuestos a transformarnos en hombre de hierro.

Suena la bocina y nos tiramos al agua. Que subidón, 4 km por recorrer, me lo empiezo a plantear de manera fraccionada. Voy a hacer una travesía a nado de 4 km. Solo pensaba en eso. Mientras devoraba metros en el agua, las medusas me devoraban a mí. Sufrí 4 terribles zarpazos, pero si algo tenía claro era que no había venido desde tan lejos para dejarlo todo por un par de picotazos.

Tras completar los 4 km contemplo ante mi asombro que el segmento de natación fue muy bueno, había salido en el puesto 95. Había superado todas mis expectativas. Me vestí con mucha calma, recuerden las fracciones, ahora solo pensaba en que tenía que salir a rodar en bici un entreno largo, 120 km.

El segmento de ciclismo era mi gran temor, por todos es conocido mi nivel ciclista, un nivel más bien bajo, chusquero en ocasiones. Las cuatro vueltas de 30 km era una pesada loza, tanto física como psicológicamente. Durante las 4 horas 36 minutos que estuve sobre la bici no paré de pensar en las horas de entrenamiento, en la familia y amigos que me habían apoyado durante los duros meses de entrenos. Gracias a llevarlos a todos en la cabeza y en el corazón pude completar el segmento de ciclismo.

Al llegar a boxes comprobé que había perdido muchos puestos en la bici así que sabía que tenía que espabilar corriendo. Mientras me cambiaba de ropa reflexioné y llegué a la conclusión de que esa no era mi guerra, estaba allí para terminar, deba igual como.

Hagan memoria, las fracciones, un poquito más que una media maratón, venga a correr!!! Comencé a corre por ese durísimo circuito, cuestas que devoraban mis rodillas, deba igual estaba Ibiza, en el home de ferro, tenía que logarlo como fuera. A pesar de los dolores en las rodillas estaba bien de cabeza comencé a adelantar a gente y a encontrarme cada vez mejor. Me hice grande, me sentía un gigante!!! Parar no estaba en mis planes, caminar tampoco. Terminé los 30 km sin dejar de correr en ningún momento, algo impensable para mí a las 8 de la mañana justo cuando me tiré al agua.

Encarado la línea de meta me encuentro a los chicos locos de contentos, me fundo en un abrazo con ellos y botamos, botamos, que emoción, aun cuando lo recuerdo se me encoje el corazón. La aventura había terminado. Ya somos inmortales. Al cruzar la línea de meta la gloria, una sensación indescriptible, lo más parecido a sentirse Dios en la tierra, no exagero amigos. La emoción te invade, los pelos de punta y el corazón latiendo como nunca, bom, bom, bom. Ya era un home de ferro, misión cumplida. PUDIMOS CHICOS!!!!!!!!

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